Un noviazgo con un “destino marcado”: vivían juntos para evitar un accidente y murieron juntos por otro
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2019/10/05/l_WhatsApp-Image-2019-10-05-at-12.57.49.jpeg)
Él estaba recibido de médico hacía pocos meses y ella iba por el mismo camino. Él la recibió en su casa cuando clausuraron el edificio en el que vivía ella. En ese lugar fueron encontrados sin vida junto a Lola, su perrita caniche.
Agus y Agos, un noviazgo con un “destino marcado”, afirman algunos medios. Él tenía 25 años y hacía tres meses que se había recibido de médico. Ella tenía 21, todavía le faltaban algunas materias.
Ambos llegaron a Rosario desde distintos puntos del país y se encontraron en la misma universidad estudiando Medicina. Con el tiempo, se pusieron de novios. Tomaron la decisión de vivir juntos por una eventualidad: debido a una fuga de gas, habían clausurado el edificio en el que ella vivía.
Agustín le ofreció a su novia que se mudara con él. En ese mismo departamento en el que Agostina encontró refugio, un mes después los encontraron sin vida.
Agostina estaba recostada en la cama, Agustín había caído en la ducha. Lola, la perrita caniche de ella, había muerto en el living. Esta sucesión de hechos llevó a la madre de ella pensar: “Eran una pareja preciosa, creo que su destino era partir juntos”.
La historia de ellos
Agustín Larceri se había mudado a Rosario hacía siete años con el objetivo de convertirse en neurocirujano. Era de Concordia, Entre Ríos. Agostina Marcoré, por su parte había llegado desde Corrientes. También tenía el objetivo de hacer su carrera en la Universidad Nacional de Rosario.
Se conocieron en el edificio en el que vivían varios estudiantes. “Me acuerdo cuando Agustín me empezó a hablar de ella, con cualquier excusa. Un día me dijo: ‘Mamá, tengo una vecina abajo que me cocina exquisito’. Y yo pensé ‘mmm, me parece que acá está naciendo un noviazgo’”. Así lo expresó Silvia Cozic a Infobae.
Hacía un año y medio que estaban saliendo —él vivía en el piso de arriba, ella en el de abajo—, cuando Agustín se mudó solo a otro edificio. “Era el último año que le faltaba para recibirse, el último esfuerzo, venía perfecto. Era natural que ya no quisiera vivir con amigos. Nos pareció bien, lo ayudamos con el alquiler”, relató Silvia. Agostina se quedó en su departamento de siempre, que compartía con otras compañeras.
A fin de febrero de 2016 —tres meses antes de sus muertes— Agustín rindió la última materia y se recibió de médico. Para celebrar, viajó con su novia a Concordia. Nadie podía saberlo pero en ese viaje se despidió de sus amigos y de Martín, su hermano.
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2019/10/05/l_WhatsApp-Image-2019-10-05-at-13.00.13.jpeg)
Después viajaron juntos a Corrientes a visitar a la familia de ella. Más tarde regresaron a Rosario. En la víspera de Semana Santa “la mamá de Agostina, como regalo porque se estaba por recibir, le dio una sorpresa: le había comprado un departamento”, sigue Silvia. Agostina estaba “encantada de la vida”.
Al poco tiempo se mudó a su primer hogar propio. La alegría duró poco: semanas después y para evitar que una fuga de gas provocara un accidente grave, clausuraron el edificio completo.
“Agostina podría haber vuelto a donde vivía, ahí seguían sus compañeras, pero prefirió irse a vivir con él. Por eso yo creo que estaban destinados a partir juntos, como si ese destino hubiera estado marcado”, reflexiona la mamá de él.
Ese día
Fue un sábado, el 11 de junio de 2016, “un día de invierno hermoso”. Silvia, en Concordia, se fue a la peluquería, Sergio, que es gerente comercial en una empresa de la misma ciudad, se fue a trabajar. Agustín llamaba seguido pero ese día a nadie le extrañó que no hubiera llamado. El llamado recién llegó a la noche y, con el llamado y los 350 kilómetros de distancia, la desesperación.
“Había sido un día muy tranquilo. De repente, todo se convirtió en caos. Ahí sí que nos explotó el mundo”. Como ninguno de sus amigos lograba dar con ellos y como les resultó extraño que Agustín no hubiera ido a trabajar al servicio de Emergencias, fueron al departamento y forzaron la puerta. De adentro, salió un calor insoportable, los vidrios estaban empañados, chorreaban. Agostina había muerto recostada, Agustín en la ducha, la perra en el living.
Los peritajes posteriores mostraron que no hubo pérdidas, ni en estufas ni en el calefón. Se habían quedado sin oxígeno y habían muerto por inhalación de monóxido de carbono. Nadie, hasta ese día, había notado que no había rejillas de ventilación en el departamento.
“Por eso también creo que se fue dando todo para que partieran juntos. ¿Ella deja su departamento porque esa fuga de gas podía provocar un accidente y termina encontrando la muerte al lugar al que había ido a refugiarse con él?”. Para ella, que es católica, fue importante saber cómo había sido: “No fue algo violento, se fueron como en un sueño —dice, y pide disculpas por el regreso del llanto—. Respira profundo y sigue: "Ahora pienso ‘qué almas divinas tenían para poder irse así’”.
Fuente: Infobae

Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión