Carlos “Indio” Solari: una vida por fuera de las reglas del rock argentino
El fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota murió este viernes 5 de junio, a los 77 años. Su obra, construida desde la independencia artística, la autogestión y una relación única con el público, dejó una marca imborrable en la cultura popular argentina.
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Carlos Alberto Solari, el Indio, murió este viernes 5 de junio de 2026, a los 77 años, y su partida provocó una profunda conmoción en el rock argentino y en la cultura nacional. Reconocido como una de las figuras más influyentes de la música popular, el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó una carrera singular, marcada por la independencia artística, el bajo perfil mediático y una conexión masiva con varias generaciones de seguidores.
Su última aparición pública de manera virtual había sido el 23 de mayo de 2026, durante un show de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en el Anfiteatro José Hernández de Jesús María, Córdoba. La presentación de la banda había sido anunciada para esa fecha y generó una gran expectativa entre los fanáticos, con entradas agotadas desde semanas antes.
Solari atravesó durante la última década la enfermedad de Parkinson, que lo alejó progresivamente de los escenarios. Su último concierto presencial fue el 11 de marzo de 2017 en Olavarría, una presentación multitudinaria que quedó registrada como una de las más convocantes de la historia del rock argentino. Desde entonces, continuó activo a través de grabaciones, participaciones virtuales y nuevos proyectos musicales.
Un artista fuera del molde
Nacido el 17 de enero de 1949, Solari se convirtió en un frontman atípico dentro de la escena nacional. Lejos de los estereotipos tradicionales del rock, construyó una identidad propia, enigmática y profundamente ligada a la palabra. Sus letras, cargadas de metáforas, imágenes oscuras y referencias culturales, se transformaron en verdaderas banderas para miles de seguidores.
En los años 70, junto a Skay Beilinson, la Negra Poly y el universo artístico que rodeó a la banda, dio forma a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, un proyecto que nació desde la autogestión y se mantuvo deliberadamente al margen de la industria musical tradicional.
El primer show oficial de Los Redondos se remonta al 6 de enero de 1978 en el Polaco Bar de Salta, una etapa en la que la banda todavía conservaba rasgos de colectivo artístico, con performances, personajes y una estética visual que luego tendría en Rocambole a uno de sus nombres fundamentales.
La independencia como bandera
El salto discográfico llegó en 1985 con Gulp!, grabado en los estudios de MIA con el padrinazgo de Lito Vitale. A partir de allí, Los Redondos consolidaron un modelo propio de producción, distribución y relación con el público, en tiempos en los que decirle “no” a la industria requería una verdadera ingeniería independiente.
Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado, Luzbelito, Último bondi a Finisterre y Momo Sampler marcaron distintas etapas de una obra que combinó rock, poesía, experimentación, crítica social y una estética inconfundible.
La banda creció por fuera de los grandes medios y encontró en el interior del país una geografía decisiva para su expansión. En Santa Fe, los recitales en San Carlos Centro, Unión y Colón quedaron grabados en la memoria ricotera como parte de una liturgia colectiva que excedía ampliamente lo musical.
Los años solistas y Los Fundamentalistas
Tras la separación de Los Redondos en 2001, Solari inició una nueva etapa artística con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Desde su complejo de Parque Leloir, donde funcionaba su estudio Luzbola, construyó una obra solista que mantuvo intacta la convocatoria popular.
En esa etapa publicó discos como El tesoro de los inocentes, Porco Rex, El perfume de la tempestad, Pajaritos, bravos muchachitos y El ruiseñor, el amor y la muerte. También continuó explorando nuevos formatos, desde participaciones virtuales hasta colaboraciones con artistas de generaciones posteriores, como su intervención en “Quemarás”, junto a WOS.
A pesar de las limitaciones impuestas por la enfermedad, el Indio siguió presente. Su figura apareció en pantallas, en canciones nuevas, en entrevistas puntuales y en declaraciones que mantenían vivo el vínculo con un público que lo acompañó con devoción hasta el final.
Un legado que trasciende la música
La muerte de Solari cierra una etapa central del rock argentino, pero su legado permanece abierto. Su obra dejó canciones, frases, imágenes y una forma de entender la independencia artística que marcó a músicos, productores, seguidores y movimientos culturales posteriores.
El Indio hizo de la autogestión una bandera, de la distancia con los grandes medios una identidad y de la relación con su público una de las construcciones más singulares de la música argentina. Su figura, atravesada por la mística, la controversia y la admiración popular, queda definitivamente incorporada al patrimonio emocional de varias generaciones.
Como en aquellas canciones que parecían hablar desde otro tiempo, su despedida encuentra a miles de seguidores volviendo a sus discos, sus letras y sus rituales. Porque el Indio Solari no solo fue una voz del rock nacional: fue una manera de habitar la música, la palabra y la libertad creativa.

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