“La casa de Bernarda Alba” cerró un año histórico en Rafaela: 27 funciones y más de 1.600 espectadores
El Grupo Punto T realizó el domingo 27 de septiembre la última presentación de la obra dirigida por Marcelo Alasino. A exactamente un año de su estreno, la experiencia concluyó después de cuatro temporadas, una participación en el Festival de Teatro de Rafaela y un fuerte vínculo con estudiantes, instituciones y el público local.
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Exactamente un año después de su estreno, “La casa de Bernarda Alba” realizó su última función en La Fenice y cerró un recorrido que alcanzó las 27 presentaciones y reunió a 1.615 espectadores. La producción del Grupo Punto T, dirigida por Marcelo Alasino, atravesó cuatro temporadas entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026 y formó parte además del Festival de Teatro de Rafaela.
El cierre tuvo lugar el domingo 27 de septiembre y puso punto final a una experiencia que, según destacó Alasino en el informe elaborado tras la última temporada, fue “cercana a la perfección” por la combinación de factores artísticos, humanos, sociales, comunitarios y profesionales que acompañaron todo el proceso.
Más allá de las cifras, desde Punto T remarcaron que el proyecto logró construir durante un año una relación particular entre la obra de Federico García Lorca, el espacio de La Fenice, los artistas y los espectadores.
Una obra creada especialmente para La Fenice
La elección de “La casa de Bernarda Alba” estuvo vinculada desde el comienzo con las características arquitectónicas de La Fenice. La intención no era simplemente montar la pieza de Lorca dentro del edificio, sino desarrollar una puesta que surgiera directamente de ese espacio.
“La elegí porque sentía que la arquitectura del espacio era ideal para ofrecer un espectáculo inmersivo y para volver a ponerlo en valor”, explicó Alasino.
El equipo comenzó a trabajar allí desde los primeros ensayos y decidió incorporar a la propuesta las propias condiciones del inmueble, que continúa atravesando un proceso de recuperación y refuncionalización.
Escaleras, puertas, habitaciones, paredes y las marcas del paso del tiempo se transformaron en parte de la casa de Bernarda. El público, en tanto, fue ubicado sobre el escenario y a muy poca distancia del elenco.
De esta forma, los espectadores no observaban simplemente la historia desde afuera, sino que ingresaban físicamente en el universo de los personajes. Esa decisión convirtió al espectáculo en una experiencia inmersiva y site specific, estrechamente ligada a La Fenice.
“Trabajamos en La Fenice desde el inicio y eso nos dio la posibilidad de realizar una experiencia que fue profundizándose en cada encuentro y cada función”, destacó el director.
Lorca y una obra atravesada por el presente
La elección del texto de Federico García Lorca también respondió a la intención de poner en diálogo una obra clásica con problemáticas contemporáneas.
La represión del deseo, el disciplinamiento de los cuerpos, el autoritarismo y la búsqueda de libertad que atraviesan el texto encontraron, según la mirada de la dirección, una fuerte resonancia con el contexto actual.
“La obra resuena muy fuertemente en este contexto de violencia global y retorno de los discursos totalitarios, los discursos de odio y el intento de cercenamiento de las libertades”, sostuvo Alasino.
Un equipo atravesado por experiencias personales
Otro de los aspectos destacados fue la conformación del elenco y del equipo de trabajo. Buena parte de sus integrantes ya había participado previamente de instancias de formación y entrenamiento con el director, lo que permitió partir de códigos y herramientas actorales compartidas.
A lo largo del año, además, el grupo vivió situaciones personales que terminaron integrándose de distintas maneras al recorrido artístico.
Una de ellas fue el embarazo de Valeria Díaz, quien interpretó a Adela durante la primera temporada. Su gestación coincidió con las primeras funciones y generó una particular relación entre la experiencia real de la actriz y una obra atravesada justamente por temas como el deseo, la sexualidad, la represión y la pulsión de vida.
Tras su salida de la producción, Sol Borgna asumió el personaje de Adela y permitió la continuidad del espectáculo durante las siguientes temporadas.
Desde el grupo describieron al equipo construido a lo largo del proceso como particularmente solidario, armónico y comprometido, una dimensión humana que terminó formando parte central de la experiencia.
Cuatro temporadas y 1.615 espectadores
El estreno se produjo el 26 de septiembre de 2025. Las primeras presentaciones agotaron localidades y llevaron rápidamente a ampliar aquella temporada inicial, que concluyó con nueve funciones entre septiembre y noviembre.
La obra regresó a escena en marzo de 2026, tuvo posteriormente una participación especial durante julio en el Festival de Teatro de Rafaela y volvió finalmente en septiembre para su cuarta y última temporada.
El balance definitivo dejó 27 funciones y 1.615 espectadores durante un año completo de recorrido.
Pero la respuesta no se limitó a la cantidad de entradas vendidas. Desde las primeras funciones se produjeron numerosos encuentros posteriores entre el público y los intérpretes. Muchas personas permanecían luego de las presentaciones para conversar, transmitir sus sensaciones o contar de qué manera la propuesta las había movilizado.
La propia cercanía física entre artistas y espectadores favoreció ese vínculo, ya que ambos compartían prácticamente el mismo espacio durante cada representación.
El vínculo con estudiantes, una de las marcas del proyecto
Una dimensión especialmente significativa fue el trabajo desarrollado con escuelas, institutos y estudiantes de Rafaela. Las actividades no estuvieron pensadas simplemente como funciones en horario escolar, sino como una oportunidad para generar encuentros, conversaciones y nuevas experiencias vinculadas al teatro.
A lo largo del recorrido participaron estudiantes y docentes de la Escuela Nº 615 “Luis Alberto Spinetta”, la EETP Nº 654 “Nicolás Avellaneda”, la EEMPA Nº 1007 “Libertad”, el Instituto Superior del Profesorado Nº 2 “Joaquín V. González”, la EESOPI Nº 3128 “25 de Mayo”, la EESO Nº 428 “Luisa R. de Barreiro”, la EETP Nº 460 “Guillermo Lehmann”, la EETP Nº 495 “Malvinas Argentinas”, la EESO Nº 376 “Joaquín Dopazo”, la EESO Nº 525 “Camilo Aldao” y la Escuela Municipal de Artes Escénicas (EMAE).
Una de las primeras experiencias ocurrió el 30 de octubre de 2025, cuando después de una función se realizó una conversación-debate abierta a la comunidad.
Participaron María Acosta, Gabriela Guibert, María Eugenia Meyer y Claudia Perren, además de integrantes de la compañía. La propuesta buscó generar un intercambio sobre Lorca, la puesta en escena, el teatro rafaelino y las resonancias contemporáneas de la obra.
De aquel encuentro quedaron además un registro sonoro completo y una síntesis escrita que pasaron a formar parte del archivo del proyecto.
Una experiencia que también conecta con la historia personal de Alasino
Para Marcelo Alasino, las presentaciones ante estudiantes tuvieron un significado especial. Su propio vínculo con el teatro comenzó cuando, siendo estudiante secundario, asistió con su escuela por primera vez a una obra. Aquella experiencia resultó determinante para una trayectoria artística que precisamente en 2026 cumplió 40 años.
Durante las funciones escolares de “La casa de Bernarda Alba”, Alasino volvió a encontrarse con jóvenes que estaban atravesando un contacto semejante con el teatro.
El director recordó especialmente sus caras de “entusiasmo, de excitación, como de haber descubierto algo que no imaginaban”.
Así, el vínculo con las escuelas terminó convirtiéndose en uno de los aspectos que mejor sintetizaron el espíritu del proyecto: reunir creación artística, formación, emoción y comunidad.
Una producción articulada entre lo público, privado y comunitario
La experiencia también estuvo marcada por una modalidad de producción basada en la articulación de distintos recursos. El proyecto contó con aportes de la Comisión Municipal para la Promoción de la Cultura y el acompañamiento de empresas como VMC Refrigeración, Limansky y Panificadora Colsani.
La Municipalidad de Rafaela colaboró con las tribunas utilizadas para los espectadores, un elemento central dentro del diseño espacial del espectáculo.
También participaron el Taller de Carpintería de Fundación Hogar El Ceibo, Gabriela Abdala y numerosas personas de la comunidad que respondieron a una convocatoria para donar vestuario y elementos de utilería.
De esa manera, la producción logró combinar recursos públicos, privados, institucionales y comunitarios. Otro aspecto destacado fue que el resultado económico permitió generar ingresos para las personas involucradas.
“Cada quien pudo cobrar algo por su trabajo, con lo cual sentimos que estamos impulsando también el desarrollo profesional de nuestro teatro local”, explicó Alasino.
Para Punto T, esa dimensión fue considerada inseparable del proyecto artístico: producir teatro local implica también intentar generar condiciones de profesionalización y remuneración para quienes participan.
La Fenice, entre la memoria y la recuperación
El vínculo entre la producción y La Fenice también estuvo atravesado por la propia historia del director. El edificio fue el lugar donde Marcelo Alasino inició su recorrido teatral y estrenó su primera obra como actor. Cuatro décadas después, regresó al mismo espacio para dirigir una experiencia que considera entre las más significativas de su trayectoria.
La puesta decidió además no ocultar el deterioro ni las marcas propias de un edificio que se encuentra en proceso de recuperación. Por el contrario, las incorporó como parte del universo visual y dramático de la obra.
De ese modo, el espectáculo terminó construyendo un cruce entre la historia de La Fenice, la trayectoria personal del director, el presente de Punto T y las nuevas generaciones que ingresaron al lugar como espectadores.
El último saludo y un pedido para seguir yendo al teatro
La última función, realizada el 27 de septiembre de 2026, reunió simbólicamente muchas de las experiencias vividas durante los doce meses anteriores: las cuatro temporadas, el crecimiento del elenco, el embarazo de Valeria Díaz y el nacimiento de Julieta, los estudiantes, los espectadores, La Fenice y los 40 años de trayectoria de Alasino.
Durante el saludo final, el director decidió ampliar la mirada y hablar no solamente del espectáculo que terminaba, sino del valor del teatro como lugar de encuentro.
Lo definió como uno de los pocos espacios que todavía “nos quedan para encontrarnos y compartir una experiencia con gente que no conocemos, pero con quienes nos reunimos para compartir algo relacionado con las ideas y las emociones”.
El pedido final tampoco estuvo dirigido exclusivamente a continuar acompañando las propuestas de Punto T. Alasino invitó al público a seguir asistiendo al teatro y acompañando toda la actividad teatral que se produce en Rafaela.
El deseo que deja Bernarda
Después de 27 funciones, 1.615 espectadores y cuatro temporadas, la experiencia llegó a su fin. Desde el grupo, sin embargo, señalan que el principal legado no pasa únicamente por los números.
“Deja el deseo de seguir alimentando propuestas de esta naturaleza: que vibren desde lo humano, lo artístico, lo social, lo político y lo profesional”, expresó Alasino.
En ese cruce aparece la explicación de aquella definición de una experiencia “cercana a la perfección”: no porque cada elemento haya sido perfecto de manera individual, sino porque durante un año coincidieron una obra, un espacio histórico, una propuesta estética, un equipo humano, instituciones, empresas, estudiantes y espectadores alrededor de un mismo acontecimiento teatral.
“La casa de Bernarda Alba” cerró definitivamente sus puertas en La Fenice. Pero dejó detrás un año de teatro, comunidad y encuentro, además del deseo de Punto T de continuar construyendo experiencias capaces de reunir nuevamente esas dimensiones.
Ficha artística y técnica
Elenco: Rosana Bertoldi (Bernarda), Marcela Bailetti (Poncia), Marisa Gutiérrez (La criada), Marcelo Gieco (María Josefa), Mavi Scarpelini (Angustias), Clara Frana (Magdalena), Daio Albanesi (Martirio), Victoria Gutiérrez (Amelia) y Valeria Díaz / Sol Borgna (Adela).
Vestuario: Julia Barreiro.
Pelucas: Marcelo Moreyra.
Objetos: Marcela Bailetti.
Escenografía e iluminación: Marcelo Alasino.
Sonido: Marcelo Alasino y Alejandra Abdulatif.
Asistencia de dirección: Alejandra Abdulatif.
Producción: Grupo Punto T.
Dirección general: Marcelo Alasino.

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