Salerni, a 20 años de su título en Wimbledon
:format(webp):quality(40)/https://radiorafaelacdn.eleco.com.ar/media/galeria/fotos/2019/09/16/l_Necrologicas.jpg)
El reloj del court Nº 1 de Wimbledon marcaba 6.43 de la tarde."Vamos", gritó y 6000 personas se pusieron de pie para ovacionarla.María Emilia Salerni pegó dos saltos y salió corriendo a buscar los brazos desu hermana, Mariana, y de su entrenador, Sergio Ledesma. A los 17 años, lachica de Rafaela conseguía la victoria más importante para la Argentina enWimbledon, el lugar donde nació el tenis.
El cuento de hadas de Pitu Salerni acababa de transformarse en lapelícula de su vida. Acababa de vencer a la ucrania Tatiana Perebiynis por 6-4y 7-5 en la final de la prueba de juniors y se convertía en la primera campeonade nuestro país en singles en el All England y además en la nueva Nº1 del mundoen juveniles.
Conlágrimas recibió el trofeo, pero no tuvo tiempo de celebrarlo allí. Lainvitaron al court central, donde poco antes Venus Williams también había hechohistoria al ganar la final femenina de las "grandes". Ingresó por lapuerta del box real, y como en un cuento de hadas, parecía una princesa. En eseinstante, los australianos Todd Woodbridge y Mark Woodforde levantaban porsexta vez la copa de dobles. John Barrett, el anunciador oficial, anunciaba queel duque de Kent estaba por recibir a la campeona juvenil. Dijeron su nombre.Levantó la copa. Una ovación de 10.000 personas y la misma lluvia de flashesque en la mañana había recibido Venus Williams iluminaron su cuerpo vestido conun equipo de gimnasia azul. María Emilia Salerni, en medio de la realeza, vivíaese instante soñado por cualquier tenista. Tras una fría y lluviosa tarde, elAll England Tennis & Croquet Club estaba a sus pies.
Seencontró con Enrique Morea, titular de la Asociación Argentina de Tenis. Unbeso y un abrazo se confundieron con la lógica emoción. Otro argentino ilustrede los courts, José Luis Clerc, dejó un rato su papel de comentarista de TVpara saludarla. El tenis argentino vivía una hora inolvidable y para el eternorecuerdo.
Sin fantasmas. Necesitó de 1h15m de partido, más una hora más en el vestuario por la interrupción para vivir ese instante tan soñado. Atrás habían quedado los fantasmas de la final perdida, el 11 de junio último, en Roland Garros ante la francesa Virginie Razzano tras haber contado con dos match-points. Esta vez fue distinto: porque, por algunos nervios que la complicaron en el comienzo de cada set, Salerni siempre fue cuesta arriba. Y sacó a relucir la garra y la entereza en los momentos clave.Latáctica conversada con Ledesma, antes de salir a jugar y durante lainterrupción, era atacar a Perebiynis (2a) sobre su revés. La Pitu, cuartafavorita, ejecutaba todo a la perfección, pero el saque no le respondía comoella lo pretendía. No es un aspecto para preocuparse ahora. Son cosas lógicasde este mundo de los juveniles.
Loimportante es que Salerni supo encontrarle la vuelta al partido en los dosmomentos clave que tuvo para concretarlo: después de la lluvia, con elencuentro 4-4, su saque y 40-40, y en el capítulo decisivo, con una desventajade 3-5 y unos nubarrones sobre su tenis más oscuros que los que ensombrecían elterreno de la consagración. Pero Salerni se hizo dueña y señora del césped. Nopermitió la recuperación de su adversaria y dio el paso final para ingresar delleno en la historia.
Fueallí cuando el temple y el fantasma de la ilusión que se vistió de tenista conel coraje de Guillermo Vilas, el revés de Gabriela Sabatini, las velocidad depiernas de Martín Jaite, las voleas de drive de su coterráneo Javier Frana, lapotencia de Enrique Morea, el drive de José Luis Clerc, las ilusiones de RaquelGiscafré y Norma Baylon, y las ambiciones de todos aquellos que pisaron y nopudieron celebrar en este césped tan venerado se metieron en el cuerpo de larubiecita Salerni.
Pura emoción. Su obra estaba consumada. Dejó el sector de los duques y corrió al primer teléfono que encontró en su camino. Llamó a Rafaela y habló con María del Carmen, su madre, y Abelardo, su papá, con quienes no se había comunicado en toda la semana. Era el instante de un llanto pleno de amor y encanto. Era la hora de gozar con unas lágrimas que no fueron derramadas en vano. Valió el llanto de La Pitu. Alguna vez habrá imaginado, desde el día que tomó por primera vez una raqueta, en el Club 9 de Julio, con Sergio Ledesma, su entrenador de siempre.
Perotodo no terminó ahí, porque todavía está en carrera en la prueba de dobles,junto con la checa Daniela Bedanova. Hoy juega las semifinales (a las 9 denuestro país) frente a Mattek (Estados Unidos) y Mojzis (Sudáfrica)y sitriunfan luego sostendrán el match decisivo. La alegría puede prolongarse. Ycómo...
Lacuna del tenis ya la tiene, a María Emilia Salerni, como una de sus campeonas.Y lo hizo por la puerta grande. Sin dejar dudas. Ya atesora un tesoroinvalorable. Con recuerdos, aromas y personas de un día, como dice Fito Páez,que nunca va a borrar...
Fuente: Archivo La Nación (por Alfredo Bernardi)
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión