El gran ganador del Mundial 2026: la FIFA cerró el ciclo más rentable de su historia
La competencia disputada en Estados Unidos, México y Canadá fue el principal motor de un período económico récord para la entidad. La ampliación a 48 selecciones, los 104 partidos, la televisión, las entradas, la hospitalidad, la reventa y los patrocinios llevaron los ingresos del ciclo 2023-2026 por encima de los 15.000 millones de dólares.
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El Mundial 2026 terminó con España levantando la Copa y la Selección Argentina ocupando el segundo lugar. Sin embargo, fuera de la cancha también hubo un vencedor contundente: la FIFA, que convirtió al torneo en la pieza central del ciclo financiero más lucrativo de su historia.
Según comunicó el presidente del organismo, Gianni Infantino, los ingresos correspondientes al período comprendido entre 2023 y 2026 superaron los 15.000 millones de dólares, una cifra ampliamente superior a las previsiones iniciales.
El monto no corresponde exclusivamente al Mundial masculino. También contempla los recursos generados por el Mundial Femenino 2023, el Mundial de Clubes 2025 y otras actividades comerciales desarrolladas durante esos cuatro años. De todos modos, la competencia organizada en Estados Unidos, México y Canadá fue el principal impulso del crecimiento.
El resultado económico dejó muy atrás los 7.600 millones de dólares recaudados durante el ciclo que culminó con Qatar 2022 y confirmó una expansión sin precedentes del negocio administrado por la entidad.
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Más selecciones y 40 partidos adicionales
Una de las claves fue la ampliación de 32 a 48 participantes, que permitió pasar de los 64 encuentros disputados en Qatar a un calendario de 104 partidos.
Los 40 compromisos adicionales representaron más transmisiones televisivas, entradas, espacios publicitarios, paquetes de hospitalidad y oportunidades para los patrocinadores. Al mismo tiempo, la incorporación de nuevos seleccionados sumó mercados nacionales, audiencias y aficionados dispuestos a viajar.
Estados Unidos concentró 78 de los 104 encuentros, incluidos todos los compromisos desde los cuartos de final. La FIFA aprovechó así uno de los mercados deportivos más desarrollados del planeta, acostumbrado a pagar cifras elevadas por boletos, palcos corporativos y experiencias exclusivas.
Antes de la competencia, el organismo había presupuestado para 2026 ingresos cercanos a los 8.911 millones de dólares. De esa cifra, unos 3.925 millones, equivalentes al 44%, correspondían a los derechos audiovisuales. Las entradas y la hospitalidad representarían alrededor del 34%, mientras que el marketing aportaría cerca del 20%.
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La televisión volvió a liderar la recaudación
Los derechos de transmisión continuaron siendo la principal fuente de recursos. Con el nuevo formato, las cadenas recibieron 104 partidos en vivo, más horas de programación y un inventario publicitario mucho mayor.
Las pausas de hidratación, implementadas para proteger a los futbolistas frente a las altas temperaturas, también generaron nuevas oportunidades comerciales. Al aplicarse dos interrupciones en cada encuentro, el torneo produjo 208 ventanas publicitarias adicionales.
En Estados Unidos, un anuncio de 30 segundos tuvo un valor promedio de entre 200.000 y 300.000 dólares. Durante algunos partidos decisivos, especialmente aquellos protagonizados por el seleccionado local, los espacios llegaron a cotizarse cerca de los 800.000 dólares.
Una de las grandes beneficiadas fue Fox Sports, que había obtenido los derechos estadounidenses por alrededor de 500 millones de dólares. Estimaciones privadas señalaron que la cadena pudo comercializar el producto por unos 1.500 millones, con una diferencia cercana a los 1.000 millones de dólares respecto de la inversión inicial.
Estas cifras no fueron confirmadas oficialmente por la FIFA, pero reflejan el valor alcanzado por una Copa del Mundo con más equipos, encuentros y oportunidades publicitarias.
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Entradas de hasta 35.000 dólares
La venta de boletos y los servicios de hospitalidad también tuvieron un papel decisivo. La FIFA aplicó un sistema de precios dinámicos, mediante el cual el costo aumentaba de acuerdo con la demanda y la disponibilidad.
Para la final entre España y Argentina, algunas entradas alcanzaron valores cercanos a los 35.000 dólares, mientras que los paquetes más exclusivos superaron los 30.000 por persona.
La entidad también participó directamente del mercado secundario mediante su plataforma oficial de reventa. En cada operación cobraba una comisión del 15% al vendedor y otro 15% al comprador.
De esa forma, podía obtener nuevos ingresos con una entrada que ya había comercializado originalmente. El mecanismo fortaleció la recaudación, aunque generó cuestionamientos por los elevados costos que debieron afrontar los aficionados.
A los boletos se sumaron los gastos de vuelos, hospedaje y traslados internos, lo que convirtió la posibilidad de acompañar a una selección en una experiencia cada vez más exclusiva.
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Patrocinios y negocios alrededor del torneo
El Mundial también fue una enorme plataforma para empresas internacionales como Adidas, Coca-Cola, Visa, Hyundai y Aramco.
Algunos contratos comerciales de primera categoría alcanzaron cifras de entre 80 y 100 millones de dólares anuales. Otras compañías pagaron montos similares para vincularse directamente con la competencia, mientras que patrocinadores de niveles inferiores realizaron aportes cercanos a los 40 millones.
Las marcas no adquirieron solamente espacios publicitarios. Compraron acceso a un acontecimiento global capaz de reunir deporte, identidad nacional, entretenimiento y consumo ante una audiencia de miles de millones de personas.
La explotación comercial se extendió además a las licencias, los alimentos, las bebidas, los productos oficiales y los recuerdos exclusivos. Uno de los artículos más llamativos fue la venta de pequeñas porciones del césped utilizado en la final, conservadas en resina y acompañadas por una réplica de la Copa.
Cada pieza se ofreció por alrededor de 3.000 dólares, en otro ejemplo de cómo la organización convirtió prácticamente cada elemento relacionado con el campeonato en una fuente de ingresos.
Premios récord y costos millonarios
Una parte del dinero obtenido fue destinada a las federaciones participantes. La FIFA distribuyó aproximadamente 875 millones de dólares en premios y aportes relacionados con las 48 selecciones.
España, como campeona, recibió alrededor de 50 millones de dólares. Cada asociación nacional quedó encargada de definir cómo repartir esos recursos entre los futbolistas, los cuerpos técnicos y su propia estructura deportiva.
Los gastos operativos del torneo, por su parte, rondaron los 3.800 millones de dólares. Ese presupuesto incluyó logística, tecnología, producción audiovisual y organización general.
Sin embargo, una parte importante de los costos vinculados con seguridad, infraestructura y servicios fue asumida por gobiernos, comités locales y empresas privadas. Mientras tanto, la FIFA mantuvo el control de los activos de mayor valor: televisión, patrocinio, entradas, reventa y licencias.
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Un impacto que no fue igual para todos
Las proyecciones indicaban que el Mundial podía sumar cerca de 40.000 millones de dólares a la economía global, con aproximadamente la mitad de ese movimiento concentrada en Estados Unidos.
También se esperaba la creación de unos 185.000 puestos de trabajo, principalmente en hotelería, gastronomía, transporte y alojamiento.
Algunas ciudades registraron un crecimiento importante del consumo y una gran llegada de visitantes. Sin embargo, el beneficio no fue uniforme: en determinados destinos, las reservas aéreas, la ocupación hotelera y el gasto turístico quedaron por debajo de lo previsto.
La diferencia fue clara. El éxito financiero de la FIFA no garantizó resultados similares para todas las sedes, empresas y comunidades anfitrionas.
El poder detrás de la recaudación
El crecimiento económico también reforzó la influencia política de Gianni Infantino. Cuantos más recursos administra la FIFA, mayor es su capacidad para financiar proyectos, distribuir subvenciones y sostener programas destinados a sus 211 asociaciones afiliadas.
El modelo comercial no solo incrementa la rentabilidad de la entidad. También consolida su poder dentro del fútbol internacional y fortalece los respaldos necesarios para sus autoridades.
La ampliación a 48 participantes demostró que sumar selecciones y partidos puede elevar considerablemente la recaudación. Al mismo tiempo, dejó abierto el debate sobre el desgaste de los futbolistas, la saturación del calendario y el riesgo de que el negocio termine alejando a los hinchas.
El Mundial 2026 dejó dos imágenes contundentes: España levantó la Copa dentro de la cancha y la FIFA celebró, fuera de ella, el ciclo económico más rentable de la historia del fútbol.

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