Del Azteca a Dallas: Messi encendió otra luz 40 años después de Maradona
En el aniversario del gol más recordado de Diego en México 1986, Lionel Messi volvió a escribir historia: marcó dos goles ante Austria, superó a Miroslav Klose y llevó a Argentina a una nueva victoria mundialista.
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La historia es dinámica. Se escribe minuto a minuto, partido a partido, generación tras generación. Pero hay días en los que parece detenerse por un instante, como si el fútbol eligiera acomodar sus símbolos en el mismo lugar.
Este 22 de junio, exactamente 40 años después de aquella tarde en la que Diego Armando Maradona iluminó el estadio Azteca con el gol más maravilloso de todos los tiempos, otro argentino volvió a encender una luz imposible. Esta vez fue en Dallas. Esta vez fue Lionel Messi.
El capitán de la Selección argentina convirtió dos goles en la victoria 2-0 ante Austria, aseguró la clasificación y volvió a agrandar una leyenda que ya parecía no tener más espacio para nuevos capítulos. Con su primer tanto de la tarde, alcanzó el gol número 17 en Copas del Mundo y superó el registro histórico de Miroslav Klose. Después, como si todavía hiciera falta algo más, marcó otro para estirar la cuenta a 18.
El momento en que se rompió la historia
El partido tuvo su quiebre a los 38 minutos del primer tiempo. La jugada nació por la izquierda, con Facundo Medina llegando hasta el fondo en una acción muy propia de la Scaloneta: amague de centro profundo, pase atrás y lectura colectiva.
Enzo Fernández dejó pasar la pelota y Messi, de primera, sacó un remate preciso junto al poste derecho de Schlager. Fue gol. Fue alivio. Fue récord.
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En su partido número 201 con la Selección, el rosarino llegó a los 121 goles con la camiseta argentina y quedó definitivamente instalado en otra cima mundialista.
La escena tuvo algo de película. Como si aquella energía que bajó sobre Maradona en México hubiera atravesado cuatro décadas para posarse sobre Messi en el imponente estadio de Dallas.
La respuesta de los grandes
El mérito de Messi fue todavía mayor porque el partido había comenzado con una adversidad poco habitual: falló un penal. Lo tiró afuera. También había tenido dos ocasiones claras que no pudo resolver con la precisión de siempre.
Durante algunos minutos, Argentina sintió el golpe. Perdió claridad, bajó el ritmo y Austria encontró cierta comodidad para presionar y disputar más lejos de su arco.
Pero los grandes también se explican por su capacidad para responder después del error. Messi se sobrepuso, siguió jugando, siguió pidiendo la pelota y encontró el remate justo para abrir el partido.
Argentina, entre el control y la aceleración
Carlo Ancelotti, entrenador de Brasil, había dicho que este era un Mundial de alta intensidad y que Argentina no jugaba con alta intensidad. Lionel Scaloni lo tomó como un elogio, aunque también podía leerse como una crítica.
Y, durante buena parte del primer tiempo, Argentina pareció darle algo de razón. Jugó a otro ritmo. Más pausado, más paciente, casi como un minué. Hizo circular la pelota, abrió bien la cancha con Medina y Thiago Almada por izquierda, y con Nahuel Molina y Rodrigo De Paul por derecha.
El dibujo fue claro: un 4-4-2 ordenado, con Messi y Lautaro Martínez arriba, contra el 4-2-3-1 austríaco, que cargó buena parte de sus ataques sobre el sector de Molina, con Laimer y Sabitzer como piezas de mayor manejo.
La diferencia estuvo en los últimos metros. Hasta tres cuartos de cancha, Argentina fue paciente. Desde allí, aceleró. Cambió el ritmo y encontró grietas en una defensa austríaca que dio ventajas.
La posesión, el control territorial, las situaciones generadas y el gol fueron argumentos suficientes para justificar la ventaja parcial.
Austria presionó y Scaloni corrigió
El inicio del segundo tiempo trajo complicaciones. Austria adelantó líneas, presionó mejor y forzó errores en la salida argentina. El equipo de Scaloni ya no encontró con tanta facilidad los pases interiores ni el dominio del mediocampo.
El primer cambio fue obligado: salió Cristian Romero e ingresó Nicolás Otamendi. Después, el entrenador empezó a mover piezas para recuperar aire, presión y control.
Entraron Nicolás González y Julián Álvarez por Thiago Almada y Lautaro Martínez. Almada había estado movedizo, pero sin terminar de pesar. Lautaro, generoso y colaborativo, volvió a quedar lejos del arco, aunque fue quien recibió la falta del penal que Messi no pudo convertir.
La idea fue clara: renovar el ataque, sostener la presión y no tocar el sistema.
Mantener a Austria lejos del Dibu
Argentina consiguió uno de los objetivos centrales del segundo tiempo: mantener a Austria lejos de Emiliano Martínez. El rival insinuó más de lo que concretó y no logró transformar su presión en situaciones claras.
A diez minutos del final, Scaloni utilizó la última ventana de cambios. Ingresaron Leandro Paredes y Nicolás Tagliafico por De Paul y Medina. El lateral, de buen partido, se fue después de una intervención clave, cerrando a espaldas de los centrales para apagar una jugada peligrosa.
Con Paredes al lado de Enzo Fernández, Alexis Mac Allister pasó a ocupar el sector derecho que dejó De Paul. El equipo se acomodó, volvió a respirar y empezó a encontrar espacios para liquidar el partido.
Nicolás González tuvo una chance clara tras un pase largo y preciso de Lisandro Martínez, pero su remate se encontró con un defensor austríaco.
El gol final solo podía ser de él
El cierre tenía reservado otro momento para Messi.
Paredes fue a disputar una pelota, el rebote encontró al capitán por derecha y la jugada empezó a tomar forma. Messi habilitó a Julián Álvarez, hubo otro rebote y la pelota volvió a Paredes, que eligió lo más lógico: dársela otra vez al 10.
Lo que siguió fue una postal de su carrera. Messi desarmó rivales dentro del área, dejó desparramado al arquero, capitalizó un nuevo rebote y definió para sellar el 2-0.
Con “Cumbia sobre el mar” sonando en los altoparlantes de un estadio gigantesco, moderno e imponente, Argentina celebró la victoria, la clasificación y otra actuación descomunal de su capitán.
Esta vez, el baile fue al ritmo de un vals vienés.
Dos 10, dos extraterrestres
Hace exactamente 40 años, Maradona deslumbraba al mundo con una actuación irrepetible ante Inglaterra. Aquel gol en el Azteca sigue siendo una obra de arte imposible, una imagen que todavía parece suspendida en el aire.
Cuatro décadas después, en la misma fecha, Messi volvió a demostrar que la historia argentina en los Mundiales tiene una relación especial con los números 10.
Muchos quisieron verlo acabado. Otros dudaron de su vigencia por jugar en una liga menor como la de Estados Unidos. Pero Messi sigue ahí: marcando diferencias, rompiendo récords, emocionando a todos.
Del 10 al 10. De Maradona a Messi. Del Azteca a Dallas.
Dos extraterrestres unidos por una misma camiseta y por una fecha que el fútbol argentino no va a olvidar.
Enrique Cruz
Enviado especial a Dallas, Estados Unidos

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