Argentina a dieciseisavos sin despeinarse frente a Jordania
Dos tiros libres (uno de Lo Celso y el otro de Messi) y un penal de Lautaro Martínez, le dieron al equipo de Scaloni una nueva victoria sin asumir riesgos. El “10” jugó poco más de media hora y convirtió su sexto gol en el torneo y el 19 en mundiales. Ahora, se viene la “locura de Miami” con invasión argentina para esperar el encuentro con Cabo Verde del viernes.
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Cuando terminó el primer tiempo, ya con el partido totalmente definido, lo primero que se nos pasó por la cabeza –a todos- fue saber si el ingreso de Messi le iba a poner la cuota de interés que ya el encuentro, por ese entonces, había perdido por completo. Fue un partido sin ningún tipo de equivalencias. A la pelota la tuvo Argentina durante el 80 por ciento. Con Paredes parado de eje y adueñándose de la pelota posicionado en el campo rival. A él se sumó la trilogía Palacios-Paz-Simeone por el costado derecho, que fue el sector por el que la selección inclinó más el juego.

Nico Paz fue el que más empeño puso para cambiar un poco el ritmo. Argentina se cansó de manejar la pelota ante la pasividad total de un equipo totalmente limitado, que no generó una sola jugada de peligro en todo el primer tiempo. Argentina abrió el partido con un tiro libre excelente de Lo Celso desde una posición ideal para Messi (pero estaba en el banco) y una cuota de responsabilidad del arquero, porque el remate fue al palo que nunca debió abandonar.
Y después, un penal que se cobró a partir del cheque del VAR, que terminó con la festejada definición de Lautaro Martínez, que necesitaba romper su maleficio y ausencia de goles en mundiales.
La decisión de Scaloni de poner el “doble 9” fue con el principal objetivo de que ambos recuperen confianza. No se lo vio bien a Julián en el primer tiempo. Estuvo impreciso con la pelota y desperdició una situación que, estando bien, son de aquellas que van adentro. El arquero le tapó el mano a mano en una jugada que debió terminar en gol.
Fue tan avasallante el dominio argentino, que ni siquiera se pudo evaluar si la decisión de colocar a Palacios como un “4 adelantado” fue o no correcta. Atacó muy poco Jordania, entregado a su papel de partenaire y sin discutir en ningún momento el manejo exagerado y casi unánime de la pelota que tuvo durante todo el primer tiempo.
Y Messi no entró desde el arranque de la parte final, pero al minuto de iniciado el segundo tiempo se levantó y encabezó la fila de cinco jugadores que comenzaron a hacer calentamiento precompetitivo mientras, adentro de la cancha, nada cambiaba: Argentina dominaba con claridad y hasta pudo aumentar cuando se le anuló un gol de Lo Celso por posición adelantada de Lautaro Martínez.
Sin embargo, antes de los 10 minutos llegó el descuento de Jordania. Inesperado, aunque favorecido por un momento de quietud de Argentina, que no presionó adecuadamente en el sector central para cortar el juego, llegó la apertura hacia la derecha y el centro rasante que conectó Mousa Altamari en una combinación de pases de primera que desarticuló el sistema defensivo de una Argentina posiblemente desatenta y falta de resolución.
No dudó Scaloni y enseguida metió tres modificaciones antes de que se cumpla el cuarto de hora del segundo tiempo: Almada, Messi y MacAllister por Lo Celso (de interesante partido), Lautaro Martínez y Nicolás Paz. Había que recuperar protagonismo, pero también era necesario cambiar el ritmo y sorprender. El equipo se había “pinchado” y hasta daba la sensación de que le costaba meterse más en el partido. Fue el momento en el que Scaloni ensayó la cuarta variante, con el ingreso de Barco para jugar bien abierto por derecha en lugar de Simeone. Y dejó para el final el ingreso del Flaco López por un Julián Alvarez que está bastante por debajo de su nivel (es más Lautaro Martínez), impreciso con la pelota y poco productivo a la hora de arrimarle peligro a la defensa adversaria.
Y fue Messi el encargado de despertar al equipo del letargo en el que había entrado. Se generó un tiro libre ideal para su remate y no perdonó. Encontró la complicidad de un arquero que, al igual que en el gol de Lo Celso, regaló su palo y se terminó “comiendo el amague”, entendiendo que el remate iba a llegar por encima de la barrera. Lo Celso la puso casi en el ángulo de su palo derecho; Messi resolvió tirarlo abajo y no tan esquinado. En ambos tiros libres, el arquero se quedó parado y sin reacción.
Explotó el estadio, porque era lo que todos esperaban: que Messi jugara un rato (más de media hora) y que aumentara su eficacia en el torneo (lleva seis goles en tres partidos) y su marca como máximo artillero de la historia de los mundiales (convirtió su gol número 19). Fue lo que “pagó la entrada” de los 70.600 espectadores que le dieron un lleno total al imponente estadio de Dallas.

La consigna hasta el final fue la de regular el trámite del partido. A media máquina, Argentina encontró un socio para Paredes (MacAllister), un poco más de movilidad con Almada y el Colo Barco, el infaltable gol de Messi y punto. El equipo no brilló, pero hizo lo suficiente para quedarse con el partido sin asumir riesgos, manejando tiempos y hasta intensidad. No hacía falta forzar la máquina.
El Litoral

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